Mi viaje de otoño

13-10-2019

Sé que quien lee mi blog lo hace buscando secretos, o remedios para curar el acné, pero hoy no escribiré sobre belleza, escribiré sobre sentimientos, amistad, alegría, libertad, tristeza, eso son los hashtag que podría poner para escribir este texto si fuera una foto de instagram. 

Me encantan las motos, me gusta su estética, me gusta ver a mi marido montado en su montura, me gusta su olor, el ruido y las carreras de moto gp y también como no, me gusta ver a mi hermano recorriendo el mundo en la suya.

Pero a veces  también dan miedo y hoy he sentido ese miedo, frío, a veces absurdo, he luchado contra mi mente en los últimos 80 km de mi viaje.

Salimos mi amiga y yo, como cada año a hacernos nuestra pequeña aventura anual, nos conformamos con poco, ambas somos autónomas, trabajamos duro , sin tregua, así que tenemos poco tiempo y muchas obligaciones pero cada año intentamos unirnos para soñar y recorrer km juntas, yo me he acostumbrado a tenerla detrás, con ella me siento segura, me gusta mirar por mi espejo y verla ahí, serena, alegre y optimista, a veces cuando lo tienes todo no te das cuenta de  lo completo que eres hasta que lo pierdes y hoy me he dado cuenta.

A mi no me gusta ir por autovías, yo siempre busco carreteras comarcales donde me siento  fuerte a pesar de que mi armadura soy yo, enclenque, con 47 años, algo de sobrepeso, poco deportista, poco ágil pero subida a mi hornet, mi honda 600, me siento, delgada, ágil, fuerte y la reina de la carretera, tomo las curvas con determinación, siempre mirando a  donde quiero ir, no invadiendo el carril contrario aunque la curva se cierre de forma repentina, me siento poderosa, como un tiburón, los coches no me dan miedo porque los adelanto con facilidad pero hoy, no se muy bien porque, mi amiga y yo nos hemos separado a 80 km de mi casa, ella al llegar a la autovía,que me ha pillado de sorpresa porque la carretera comarcal por donde íbamos  de repente se ha convertido en autovía, me ha adelantando como una furia y se ha marchado a casa, ella está más acostumbrada que yo a esas vías  y ahí me he quedado yo, sola, dolorida, ya que llevaba 2 días en moto, mis manos, mis rodillas, mi cuello tenso y ahora encima sola, de repente me ha embargado un sentimiento de pánico, recordaba las palabras de mi marido, que me dice, los coches son peligrosos, debes ir más rápido para huir de ellos, y yo no era capaz de correr, me he acomodado en el carril derecho y me han adelantado todos, yo pase de ser un tiburón en el mediterráneo a ser un boquerón en pleno océano atlántico.

Domingo festivo, hora de comer, había mucho trafico y yo sentía pánico, he llegado a una bifurcación en la  que ninguna de las opciones  me recordaba a  casa, Madrid es enorme, he  cogido una y he buscado un sitio para parar, respirar y llamar a mi marido, con la rabia me he roto la visera del casco y era ya lo que me faltaba, al llamar a mi marido, he roto a llorar, fue escuchar su voz y quería tele transportarme junto a él, el me ha dicho que venía a buscarme en coche, por un minuto he pensando en asentir y que me salvara de mi océano, el seria mi tabla en el naufragio, pero he sacado la guerrera que llevo dentro, todos lo tenemos, me he secado las lágrimas y he dicho: no necesito un salvador, necesito calma, serenidad y valentía para luchar contra mis miedos repentinos. 

He retomado el viaje y he llegado a casa os aseguro que ha sido la hora y cuarto más dura que recuerdo, cuando el miedo ha azotado mi cuerpo ha sido como una sacudida que me ha dejado rígida. 

He superado el miedo, pero no el dolor y ya por fin en casa he aprendido que soy capaz de mucho más de lo que creo y que el miedo es vencible, por supuesto, seguiré montando en moto, seguiré  surcando esos mares de asfalto  y seguiré teniendo miedo pero seré feliz como ahora cuando aprendo a superarme.

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